Los resultados que no llevan etiqueta de anuncio no se compran: se ganan. Tardan, pero luego no cuestan por cada clic.
En Google hay dos tipos de resultado. Arriba, los que ponen Patrocinado: son anuncios y se pagan por clic. Debajo, los normales: salir ahí no cuesta dinero por visita.
La pega es que ese sitio no se compra. Se gana ordenando la web, escribiendo lo que la gente busca de verdad y consiguiendo que otros te enlacen. Tarda meses. Quien te prometa lo contrario te está engañando.
Aquí casi todo el mundo busca con el móvil y a pocos minutos de donde está. La ficha de Google —esa que sale con el mapa, el horario y las reseñas— suele traer más clientes que la web.
Es lo primero que ponemos a punto: categorías correctas, fotos, y sobre todo horarios de temporada bien puestos. Aparecer como abierto cuando estás cerrado, o al revés, cuesta clientes de verdad.
Aquí se busca en catalán, en castellano y en francés, y no siempre con las mismas palabras. Una web solo en castellano se deja fuera una parte del mercado sin enterarse.
Mirar en qué idioma busca cada tipo de cliente, y escribir para cada uno, es de las cosas más rentables que se pueden hacer en este país.
Esto es lo que hacemos, y no lo dejamos parado.
Casi nunca va una cosa sola. Te decimos qué combinación tiene sentido en tu caso.
Los anuncios que salen arriba del todo en Google. Pagas solo si alguien entra en tu web, y nuestro trabajo es que esa entrada valga algo.
No buscamos una web bonita. Buscamos una donde se entienda qué vendes y sea fácil contactarte.
Anuncios en Facebook e Instagram. No sirven para todo, y te vamos a decir cuándo no.
No es magia ni va a llevarte el negocio. Es una herramienta que nos hace ir más rápido, y eso lo acabas notando en el precio.
Cuéntanos qué haces y te decimos qué haríamos nosotros. Sin compromiso.